• Tiempo Magis

Por una fe en comunión con el medio ambiente

Por Gonzalo Castro SJ


Cuando nos dejamos impactar internamente por la crisis socioambiental en la que vivimos, podemos darnos cuenta de que esta no es solo “una crisis entre otras”. No es comparable con la crisis económica, política o cultural. Ella cuestiona la forma en que habitamos el mundo y nuestro lugar en él. También cuestiona nuestros estilos de vida, el tipo de desarrollo que estamos buscando como sociedad, las relaciones que establecemos entre nosotros y con la naturaleza, etc. Así, se hace evidente que la complejidad del problema requiere una respuesta integral, y no solo desde la técnica o las ciencias exactas.


¿Qué nos tiene que decir nuestra fe sobre la ecología y el cuidado de la creación? ¿Cómo incorporar a nuestro seguimiento de Cristo la perspectiva del cuidado de nuestra casa común? Estas preguntas las podemos encontrar cada vez con más frecuencia entre los jóvenes que se acercan con un corazón sincero a nuestra Iglesia y cargan dentro de si una sensibilidad y preocupación por la justicia ecológica y la preservación de nuestro planeta. De hecho, somos testigos de un creciente interés de los creyentes por incorporar y reflexionar más las reflexiones que vienen de la ecología con la teología.


La reflexión teológica ha ido trabajando algunas de estas cuestiones desde hace algunas décadas. Fruto de estas reflexiones, hoy tenemos la encíclica Laudato Si , documento que pertenece a la doctrina social de la Iglesia. Sin embargo, pensar el futuro en términos ecológicos requiere de nosotros una renovada conciencia planetaria, que incorpore una preocupación honesta por las generaciones futuras y por el cuidado de nuestra Casa Común.


Sin embargo, al poco andar en estas reflexiones y cuestionamientos aparecen algunas divergencias que requieren una revisión más adecuada. El lugar del ser humano en el relato de la creación, ¿es de dominación, administración o cuidado de lo creado? La salvación que nos ofrece Cristo con su muerte y resurrección ¿es solo para algunos humanos? ¿es para toda la humanidad? ¿tiene algo que decir a toda la creación? La esperanza cristiana en un mundo nuevo ¿lleva en cuenta la acción de los hombres y mujeres

de nuestra época por el cuidado de la creación? ¿o es un movimiento que solo Dios puede hacer?


Ciertamente, queremos que nuestra esperanza cristiana nos impulse hacia un mayor compromiso por un nuevo nuestro estilo de vida. También queremos que nos ayude a consolidar nuestras prácticas ecológicas, llenas de una creatividad sana y orientadas a un “buen vivir”. Sin embargo, para que nuestra fe dialogue con los principios de la ecología tendremos que aprender a articular la acción de Dios, la acción de los seres humanos y las múltiples conexiones que establecemos en nuestros ecosistemas. Para ello, me gustaría recomendar una imagen teológica: la comunión que establece Dios con toda su

creación. Dios no solo crea, sino que habita en su creación, descansa y se deleita en ella. De hecho, algunos teólogos antiguos usan la imagen de la danza para expresar la relación de comunión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por eso, si los seres humanos somos creados a imagen y semejanza de la Trinidad, significa que nosotros también somos llamados a habitar en la creación, a reconocer al Dios vivo en ella y entrar en una íntima relación de comunión.