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Ya no basta con creer

Por: Esteban Bresciani Lira, Vicepresidente Centro de Alumnos y Alumnas San Ignacio El Bosque.


Como estudiante de un colegio jesuita me ha nacido la necesidad de dar a conocer mi

opinión con respecto a una de las instituciones más influyentes en nuestra historia: la

Iglesia. Esto se debe a que no he logrado encontrar ni una sola columna, artículo o

reportaje, en donde estudiantes secundarios se hayan pronunciado frente a la Iglesia y la

profunda crisis que está viviendo. Hoy es deber de nosotros no quedarnos en silencio y

sacar la voz. Sólo así comprenderemos como sociedad que para enfrentar la crisis ya no

basta con rezar.


Pero, ¿por qué la Iglesia está en crisis? La iglesia que en la última década y en especial en

los últimos años ha estado cuestionada fuertemente por su conservadurismo, hoy tocó

fondo con las denuncias de abusos sexuales que han salido a la luz y que se encontraban

encubiertas por la propia institución. No es casualidad que la gran parte de estas denuncias

se hayan dado a conocer por mecanismos externos a la institución y que hasta el día de hoy

la mayoría de las conferencias episcopales del mundo, como la chilena, se niegan a abordar

o difundir.


Ninguna congregación eclesiástica queda exenta de estos hechos y todas se han visto

comprometidas por distintos casos de abusos. Cardenales, Arzobispos, Obispos,

Presbíteros y Diáconos, han sido denunciados o han estado involucrados en dichos

procesos. La Compañía de Jesús no ha sido la excepción, y ha estado en los focos de luz

las últimas semanas por uno de los abusos más monstruosos de la Iglesia Católica. Este

problema generalizado no solo tiene que ver con el abuso de poder reconocido de la Iglesia, sino también con el clericalismo y la “santificación” de sus miembros, los constantes

encubrimientos que han dado paso a la existencia de nuevos abusos, la falta de

mecanismos de control y seguimiento al trabajo de los curas, la visión negativa de lo sexual,

su falta de educación y el celibato que lleva a una sexualidad bloqueada y reprimida. En

resumidas palabras, su exacerbado conservadurismo.


Según el Ministerio Público, hasta el 2018 existían un total de 266 víctimas de abuso sexual

de parte de la Iglesia Católica chilena, siendo que tan solo el 5% de los casos de abusos

llegan a fiscalía y las personas en promedio develan después de los los 26 años de edad

que fueron víctimas de este delito, por lo que niños, niñas y adolescentes pueden pasar

alrededor de 14 a 16 años en silencio. Estudiantes, compañeros y compañeras nuestras,

pueden estar sufriendo el día de hoy abusos de poder, conciencia o sexuales que están

siendo encubiertos o que simplemente lo naturalizamos porque nunca nadie nos ha

explicado que hay situaciones y acciones que no podemos aceptar.


Pero, ¿cómo queremos cambiar todo esto si tenemos una Iglesia desconectada con la

sociedad? Los tiempos cambian, las sociedades progresan y las instituciones evolucionan,

pero ese no es el caso de la Iglesia Católica. Hoy la Iglesia está sumida en un profundo

conservadurismo y no es coincidencia que una institución desconectada se encuentre en

crisis, siendo que sus pensamientos, ideologías y prácticas cada vez se van quedando más

en el pasado.


¿Cómo es posible que nos encontremos en el esplendor del movimiento feminista, en donde nuestra sociedad está dando por fin pasos hacia la igualdad de género,

y tengamos una Iglesia que no permite a las mujeres practicar el sacerdocio? ¿Cómo es

posible que hasta el día de hoy se mantenga la misma jerarquía eclesial de siglos pasados

que lo único que ha hecho ha sido dar lugar a abusos de poder?¿Cómo es posible que

estos abusos de poder terminaran en abusos sexuales que la Iglesia se niega a asumir y

cuyos daños que han sufrido las víctimas no han sido reparados? Hoy sabemos que no se

han hecho las reparaciones concretas, ni se han pedido disculpas públicas, sólo algunas

investigaciones de las denuncias que no ayudan del todo a la víctima.


Lo que se necesita en la actualidad es una Iglesia que sea cuestionada desde el punto de

inicio de esta, que admita públicamente sus fallos y que de la cara. Que deje el

conservadurismo, el machismo, que permita a mujeres practicar el sacerdocio, que

incorpore una visión positiva de la sexualidad, que se preocupe por la educación sexual,

que deje de auto-santificarse y que abandone el celibato de una vez por todas. Cuando

recién se logre conseguir todo esto, tendremos una Iglesia conectada con la sociedad del

siglo XXI y en donde no haya espacios para los abusos. Hoy la Iglesia es una institución en

crisis, y si hace 50 años ya no bastaba con rezar, en estos tiempos de crisis tampoco basta

con creer.