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“Si no tengo amor, no soy nada”

¿Qué es?

“El gran torino” estrenada en 2008, es una de las películas en donde podemos encontrar a Clint Eastwood como el director y también protagonista. Encarnando a Walt Kowalski, un hombre mayor, estadounidense, veterano de la guerra de Corea, jubilado y nacionalista, que se ve inmerso en un mundo que va cambiando y se va abriendo a cambios tan simples como la llegada de nuevos vecinos asiáticos a su sector. En los 119 minutos de duración, la película muestra cómo este hombre tiene un objeto en particular que es su máxima pasión y que centra la atención de su familia, que sólo esperan que en el testamento se lo puedan dejar, un automóvil Gran Torino de 1972.


A medida que la película avanza es posible ver como Walt se convierte en un espectador de la discriminación y violencia que, en particular, sufre la familia vecina a él y de cómo dos hermanos son repudiados por pertenecer a otra etnia, algo que él también hace al principio.

La relación entre Walt y Tao, el joven que vive al lado de su casa, se va armando en torno a una serie de incidentes en torno al automóvil pero también en esta guerra de pandillas donde la discriminación es en torno a la etnia, las drogas, el barrio, la edad, entre otros.


¿Por qué verla?

Hoy en las noticias podemos ver como la discriminación racial se ha tomado las pantallas por el asesinato de George Floyd, pero también en Chile podemos encontrar la muerte de personas mapuche como Catrillanca o Alejandro Treuquil hace unos días. Estos son algunos de los ejemplos que marcan como en la actualidad se ha armado un debate en redes sociales con las consignas “las vidas importan” haciendo referencia a distintas etnias. Con el inicio de la pandemia se pudo vislumbrar un rechazo hacia el mundo asiático, hacia China misma con la idea que nos podrían contagiar, ¿no es acaso otra forma de violencia casi imperceptible socialmente pero que sigue dañando a las personas contra quienes la ejercemos?


“El gran torino” demuestra una parte de la discriminación que está latente aún hoy en día y que entrega un mensaje que es transversal: conocer al otro, darse el espacio de botar los prejuicios tal como lo hace Walt Kowalski durante la película y así dejar de lado la distinción que nosotros marcamos.


¿Qué mensaje de Dios nos transmite?

El amor, dice la carta de Corintios, nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad; el amor es paciente, servicial, no busca aparentar y no se llena de orgullo. Veamos esta película con la invitación a reflexionar sobre las distintas formas de discriminación y violencia que hoy cometemos hacia las personas por ser diferentes a nosotros. Comencemos a aceptar la diferencia y hacerla parte nuestra, con el fin de sembrar y cosechar el amor que, junto a la esperanza y la fe es lo único que tenemos.


Por: Francisca Rodríguez.


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