• Tiempo Magis

Claves para el discernimiento vocacional

La sociedad impuso un nocivo convencimiento de que, a mejores números individuales (puntaje, notas, dinero, propiedades, likes, seguidores) mayor felicidad individual.


Por: Cristian Viñales Sj


Comienza el fin de año y con esto se puede ver a muchos y muchas jóvenes preocupados por sus notas, las exigencias del colegio, la incertidumbre sobre la famosa PAES y la angustiosa posición de tener que decidir qué estudiar (esto último solo si tienes la posibilidad de hacerlo). Una cultura que por décadas nos ha dicho que somos una nota, un puntaje, un sueldo, un número de seguidores o una cantidad de likes. El tener que rendir y competir se nos inculca desde niños, por esto, no es raro que terminemos creyendo que el NEM y el puntaje que obtendré en la PAES nos definen, o que la vocación personal es sinónimo de aquello que pretendo estudiar y, por lo tanto, que esta vocación se ha de hipotecar en caso de no alcanzar el puntaje deseado.

La vieja y mala noticia es que esta situación no solo es un reflejo más de la horrorosa desigualdad de nuestro país, sino que se trata de un vicio estructural, algo más que el individualismo, más que el consumismo, es algo más que la competencia, es algo que lamentablemente nos tiene infectados a todos. Querámoslo o no, existe en nosotros el nocivo convencimiento de que, a mejores números individuales (puntaje, notas, dinero, propiedades, likes, seguidores), mayor felicidad individual[1]. Para una persona entre 17 y 18 años que dará la PAES y espera postular a la universidad, resulta urgente reconocer e intentar desmantelar este chantaje y para hacerlo, el discernimiento puede ser una herramienta significativa. A continuación, quisiera proponer 3 claves para discernir la vocación en tiempos de alta presión[2]:


1. Analiza tu libertad.

Podemos convencernos de que ejercemos la libertad al rechazar todo aquello que nos obliga o compromete, que somos libres al elegir que ropa ponernos o que ideas aceptar, pero nos olvidamos que la verdadera libertad tiene que ver con la posibilidad real de orientar la vida a un camino de felicidad y plenitud, sin embargo, no pocas veces somos nosotros mismos quienes limitamos nuestra libertad o peor aún, no ejercitamos nuestra libertad bajo el pretexto de cuidarla. La libertad que nos hace plenos, se despliega haciendo opciones, comprometiéndonos y acogiendo libremente los riesgos y renuncias que toda opción implica. En otras palabras, puedo llegar a creer que soy libre al no comprometerme, sin embargo, solo estoy atrofiando mi libertad y cuando llega el momento en que necesariamente debo hacer opciones ya no tengo herramientas para hacerlo.

El evangelio nos ofrece una imagen paradigmática de esto, en la historia del “Joven rico” (Mt 19, 16-30). Aquel joven guardaba el deseo de tener una vida plena, creía ser libre y probablemente estimaba que su riqueza era garantía de libertad. Sin embargo, no es capaz de renunciar a su riqueza para seguir su propia vocación. Jesús le ayuda a ver que era esclavo de su propia riqueza. Tomar consciencia de esta contradicción interna le genera profunda tristeza, pero al mismo tiempo se le revela un camino de sanación. Pregúntate ¿Qué tan atado estas a los bienes materiales? ¿Qué tanto dependes de la opinión (“likes”) de otros? ¿Qué afectos, cosas, pensamientos, te quitan libertad?


2. Cuídate de la mentira de la felicidad autorreferida.

La felicidad se ha vuelto una exigencia, asociada al éxito, la belleza, el consumo. Hoy, parece ser más importante “lucir” feliz que ser feliz. Lamentablemente esto genera una presión (inconscientemente aceptada) que llega a ser más violenta que cualquier burda opresión fácil de identificar y rechazar. Esta idea de felicidad nos termina por aislar, pues cada uno debe competir por su propia felicidad, esta se vuelve un asunto individual y se pierde por completo el sentido de la solidaridad y la dimensión colectiva del bienestar. Para un cristiano, necesariamente un proyecto vida nos vincula con los demás, en esto hay que ser categóricos: si en tu fantasía de futuro te ves solo, entonces no se trata de un verdadero camino de felicidad.

Puede ser interesante cuidar la distinción entre nuestros caprichos y nuestros deseos profundos. Los caprichos tienen como objeto el placer, que por cierto es bueno, es un regalo de Dios sentir placer, sin duda un buen capricho nos puede arreglar el día. Sin embargo, los caprichos son para ser consumidos y agotados, son para darnos un gustito, pero si todo comienza a girar en torno a un capricho, este se transforma en un vicio y enferma tu libertad. Si, por un lado, los caprichos te centran en ti mismo y se consumen, los deseos profundos, nos sacan de nosotros mismos y permanecen, van tomando nuevas formas conforme vas creciendo, pero un deseo saca lo mejor de ti para los demás, porque su objeto no es el placer, sino la felicidad.


3. Da lugar al dolor

En la cultura en que vives, el sufrimiento, “lo feo” y lo desagradable de la vida, es percibido como resultado del propio fracaso, se nos presenta como la cara opuesta a la felicidad. Por esto, escondemos el dolor bajo la alfombra y en vez de integrarlo (que sería reconocerlo), lo vivimos de la peor forma posible, como autoagresión: “Yo no soy lo suficientemente...lindo, inteligente, adinerado etc”. Dar espacio a las experiencias dolorosas es dar espacio también a la felicidad, pues parece que entran en nosotros a través del mismo receptor, si se bloquea el dolor, la felicidad a lo sumo será equivalente a un mal analgésico, porque nos distraeremos en los caprichos.

Para discernir nuestra vocación es fundamental mirarnos a nosotros mismos y a la sociedad de la que formamos parte, también con su dimensión dolorosa. Los sufrientes del mundo interpelan nuestra vocación, enaltecen la dimensión solidaria de esta. Por otra parte, dar espacio a nuestros propios dolores permite que nuestro discernimiento abarque la totalidad de nuestra vida, nos disponga a las renuncias necesarias, nos vuelve más humildes y por sobretodo nos permite disfrutar en mayor profundidad del goce de orientar la vida a una verdadera plenitud.




[1] A propósito de este tema, recomiendo ver el capítulo 1 de la temporada 3 de la serie Black Mirror, llamado Nosedive.

[2] Tomo algunas notas propias de la columna: 6 Claves para discernir la vocación en tiempos de Crisis