Hermanos en la historia

Recuerdo en unos ejercicios espirituales escribir mi historia, y hacerlo casi inconscientemente. Luego, al releerla, más que momentos o fechas, encontré nombres, personas que alternadamente y en distintas etapas me fueron acompañando y guiando.
Así se van entrelazando nuestras historias, pues la historia de cada uno a quien recordé está llena de muchos más nombres y vivencias. Y si seguimos retrocediendo, nos daremos cuenta de que en realidad somos parte de una sola historia, la de nuestra patria y nuestro mundo. Es la historia la que nos une. Y ella, que es carga y a la vez motor, me hace reconocer en el otro a un hermano, porque venimos de donde mismo y vamos al mismo lugar. Pero, ¿que implica reconocernos como hermanos en la historia?
Lo primero que hay que entender es que mirar la historia implica un acto de memoria. Pero la memoria no es solo recordar, es un acto de empatía. Es estar en el lugar de quienes nos antecedieron, comprenderlos, y si es necesario, criticarlos; pero por sobre todo es un acto de empatía no con quienes hicieron la historia, sino con quienes la sufren.
Pero más allá, reconocernos hermanos en la historia es asumir un deber no solo con quienes estamos hoy, sino con quienes estuvieron y sobre todo con quienes estarán. Es mirar más allá de nuestras vidas, entender que lo que somos comenzó mucho antes y terminará mucho después que nosotros. Porque “la nación no sólo está compuesta por los habitantes vivos de un determinado lugar o territorio, sino también por aquellos que una vez vivieron allí y por aquellos que en el futuro lo harán” (Correa y Ruiz-Tagle, 2010). Pero eso nos deja una tremenda responsabilidad, de transmitir nuestra historia, construirla y querer que haya un futuro sobre el cual los que vendrán puedan escribirla.
En ese sentido tenemos un deber con el futuro, que en algún momento se hará presente. Primero, con que haya uno, y segundo con que ese futuro sea uno en donde se pueda construir y vivir en paz.
Hoy preocupa la ausencia de futuro, desafortunadamente por causa nuestra. Todos los problemas parecen ser notas al pie de página del cambio climático, pues a causa de él, por primera vez, no estamos seguros de que haya un mañana. Aquí reconocer nuestra historia asume relevancia, para entender que tenemos que dejar que se siga escribiendo. Tenemos el deber de cuidar nuestra casa, pues este ha sido el papel sobre el que se ha escrito la historia y sobre el que esperamos se siga escribiendo, y no podemos dejar que este papel se incendie.
Más aún, la historia también nos trae un desafío y herramienta para enfrentar la discordia y división de nuestros tiempos. Pues no basta solo con que haya un futuro, sino que necesitamos que sea uno donde podamos convivir en paz.
Es la historia la que une a los pueblos, pero también la que los divide. Porque hay historias que no elegimos. Una que nos une, que compartimos. Pero también otra, que es suya de cada uno, que nos hace distintos, aunque no necesariamente nos separa: nuestro lugar de nacimiento, nuestras familias, nuestra educación. Debemos buscar en la historia compartida aquello que nos hace hermanos, y en la historia de cada uno aquello desde lo que podemos aportar a la memoria que seguimos construyendo. Pero sin olvidar aquello que duele, que aún nos separa, que es también parte de la memoria de este pueblo y que debemos sanar juntos.
A veces creemos que algunas cosas de nuestro pasado nos separan profundamente, y nuestro país muchas veces se ha dividido aún teniendo la misma historia, pero, ¿no somos acaso todos hijos de esta patria, de esta tierra, de Dios? Tiendo a pensar que esas diferencias que a veces vemos como insalvables, no lo son tanto. Ahora, que esto no nos lleve jamás a dejar de luchar contra las injusticias, pues hay relatos, hay tendencias, que sí tenemos el deber de romper.
Reconozcámonos hermanos en la historia y no dejemos jamás de trabajar por tener un futuro, un futuro fraterno; y no olvidemos que ese trabajo lo hacemos hoy, en el presente, con las enseñanzas de nuestro pasado. Preocupémonos siempre de plantar árboles bajo los que el futuro se siente a su sombra.




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