¿Hacia dónde es necesario ir?

La búsqueda del sentido de la vida es una experiencia universal, inherente a todo ser humano. Nos pasamos la vida pensando en que es lo que nos depara el futuro. Ante tanta incertidumbre buscamos refugio en la religión, en la política, en el tarot, y en todo aquello que promete acercarse a las respuestas. Quizás, el horizonte estaría más claro si nos hiciéramos una pregunta diferente: ¿Hacia dónde es necesario ir?
Y es que, al final, la vida tiene mucho más sentido cuando nuestra existencia es parte de algo colectivo. La espiritualidad, creo, que si algo tiene en común en sus múltiples formas, es la entrega. El amor al prójimo, la solidaridad, el servicio; sea cuál sea el dogma, detrás de todos ellos hay algo mucho más grande que el desarrollo individual de nosotros mismos. Y no significa dejar de lado nuestros sueños ni metas, sino hacerse parte desde dónde tengamos la capacidad de incidir, con nuestras diversas ocupaciones o profesiones.
Reconocer nuestras habilidades, pero también nuestras limitaciones. Ver la necesidad, escuchar, hacerse responsable y construir una respuesta colectiva. No imponer soluciones que nada tengan que ver con aquello que las personas realmente necesitan. Quizás, si en vez de preguntarnos dónde queremos estar comenzamos preguntándonos donde hacemos falta, en el país no se perdería la empatía, actuaríamos por convicción y no por conveniencia, y la vida sería, más humana, y también, un poco más justa.
Santa Teresita decía que la santidad se basaba en hacer de manera extraordinaria las cosas más ordinarias y corrientes: una disposición del corazón que nos vuelve humildes. ¿Y qué podría ser más ordinario que la rutina? ¿Y qué sería más extraordinario, que decidir, que en medio de ella, elijamos reconocernos, mirarnos y construir en conjunto el futuro en el que queremos vivir?
Tal vez de eso se trata, pues, el sentido no siempre se encuentra antes de caminar, sino a medida que se va avanzando. Una sociedad se construye con pequeñas decisiones, y quizás ahí esté lo verdaderamente extraordinario: en elegir, una y otra vez, salir de nosotros mismos para reconocer nuestro lugar en la comunidad y hacernos parte de ella.




Comentarios