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¿A dónde voy?

  • Foto del escritor: Tiempo Magis
    Tiempo Magis
  • 5 ago
  • 2 min de lectura

El futuro da miedo. Más aún hoy, donde nuestro entorno parece decirnos que si no tenemos todo claro a los 25 años estamos irremediablemente perdidos. ¿Alcanzaré mis metas? ¿Tendré trabajo estable? ¿Dejaré alguna huella en este mundo? 


Según la Encuesta Nacional de Juventud de 2025, los jóvenes tendemos a mirar con sospecha lo que el futuro nos puede deparar. Las altas tasas de desempleo, los altos costos de vida y la desconfianza en las instituciones nos hace no solo dudar de proyectos de largo plazo, sino que nos puede hacer postergar la exploración de nuestros deseos más profundos ¿Hacia dónde vamos? Siempre parece haber preguntas más urgentes. Añoramos una IA que nos dé una respuesta cierta.  Lamentablemente la pregunta por el futuro no se responde con un prompt. La pregunta se resuelve caminando, en movimiento, en búsqueda. 


Señor, enséñame tus caminos, rezaba el salmista, reconociendo que nuestra vida es una búsqueda constante. Pero ¿cómo buscar esos caminos? San Ignacio intuía un sentido al comenzar los Ejercicios Espirituales con el Principio y Fundamento: el ser humano fue creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios. Es decir, fuimos creados para estar en comunión con Dios, que es el Amor. Todo lo demás —el trabajo, las relaciones, el futuro, los proyectos— existe para ayudarnos a ese fin, y si no lo hace, hay que dejarlo. Por ende, todo se ordena desde la fidelidad a la misión para la que fuimos creados.  


Ahora bien, para saber si efectivamente estamos yendo en esa dirección, debemos discernir las pistas que el Espíritu nos deja. Por esa razón, preguntarse hacia dónde ir no solo significa mirar hacia adelante. El papa Francisco nos decía que para que el futuro sea un lugar de esperanza, necesitaba estar conectado con nuestro pasado (Christus Vivit 179). Sin arraigo en una historia, con rostros y lugares concretos, quedamos presos del estímulo del momento, de la oferta más luminosa, del angustiante qué dirán. Además, en la misma exhortación, Francisco insiste en que no sólo debe integrarse pasado y futuro, sino también el presente. "La vida de ustedes no es un 'mientras tanto'. Ustedes son el ahora de Dios, que los quiere fecundos. Porque es dando como se recibe, y la mejor manera de preparar un buen futuro es vivir bien el presente con entrega y generosidad." (CV 178). Más claro imposible. 


¿Hacia dónde ir, entonces? Jesús, en vez de darnos un mapa, nos dice que Él es el camino (Jn 14,6). La respuesta no es un lugar ni una fecha. Es, más bien, seguir a una persona. Y como Él nos dijo que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20), ese futuro pasa de ser una amenaza a una promesa. Creer en esa promesa no resuelve nuestras inquietudes. Por el contrario, las acentúa, pues nos invita a vivir como peregrinos; seguidores de Jesús. Mirándolo a Él, quizás, podemos encontrar un sentido en medio de la incertidumbre. 

 
 
 

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