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Aquí hay un libro lleno de amor

Por: Camila Rozas Mena, Schoenstattiana.


El otro día vi la película “La sociedad literaria y del pastel de cáscara de papa de Guernsey” (Broadbent, Czernin, Kaplan & Mazur, 2018). Se trata de Juliet, una escritora inglesa llega a la isla de Guernsey para encontrarse con una sociedad literaria que ahí habita e intercambiar experiencias y opiniones. En esta isla, ella se hospeda con una lugareña, y es en su residencia donde ocurre una escena corta y sencilla, pero que me encanta y me marca profundamente. En ella, Juliet toma una Biblia que descansa en el velador de su hospedataria y le incrimina enfadada: "Now here is a book filled with love and you overlook all of it in favor of judgement and petty meanness" (Ahora, aquí hay un libro lleno de amor, y pasas todo eso por alto a favor del juicio y la mezquindad). Me encanta esta escena. Porque es demasiado real. Me gusta mirar la Biblia y volver a lo original, a lo primario, a ese amor que no juzgó a nadie, que no cerró las puertas a nadie.


Ese mensaje de amor que traspasa las Escrituras es el que vino a traernos Jesús. Él criticaba a los fariseos justamente por dejarse llevar por las reglas pasando por alto a la persona; y esto es precisamente lo que muchas veces hacemos como católicos. ¿Qué nos pasó? ¿Cuándo nos volvimos tan regludos? ¿Tan juzgadores? Pareciera que vamos por la vida con el pergamino de reglas (Mt 23,4) listo para plantárselo en la cara al primero que se aleje un poco del estereotipo del cristiano perfecto. ¿Quién es el cristiano perfecto? ¿Acaso existe? ¡Claro que no! ¡Si cargamos la herencia del pecado original! Ya estaríamos en el Cielo si fuéramos perfectos.


Entonces, ¿con qué cara decidimos quién es un buen cristiano y quién no? ¿O quién tiene ganada la vida eterna y quién no? ¿Con qué cara tiramos la primera, segunda y tercera piedra, condenando sin ni siquiera tomarnos el tiempo de conocer en profundidad a la persona, su historia o motivaciones?  ¿Quién nos creemos que somos? Jesús fue tan bueno y humilde. ¡Es que Él acogió a todos! ¡A todos! También a los marginados de esa época, ya fuesen leprosos, cobradores de impuestos, hombres de otros pueblos, mujeres hemorroísas, o algún pecador. 


El otro día supe de un joven católico, quien en unas misiones afirmaba que ni los judíos ni los gays entrarían al Cielo. Y es que hoy en día no nos encontramos por la calle con leprosos ni mujeres sangrantes, pero ¿abrimos las puertas de nuestra Iglesia a todos? ¿No mezclamos acaso religión con política? ¿Religión con color de pelo? ¿Religión con estilo de vestir? ¿Es que creemos que a Jesús le importaba si alguien tenía el pelo azul, la guata al aire, piercings y tatuajes? ¡Por favor! ¡Claro que no! ¿Creemos que a Jesús le importaba si te habías equivocado? ¿No le dijo acaso al ladrón que crucificaban a su lado, que estaría ese mismo día en el Paraíso? Es la única persona que la Biblia asegura que está en el Cielo (Lc 23, 43); un ladrón. Al que los hombres de ese tiempo decidieron matar, asesinar. Se le llama "el buen ladrón", ¿sabemos si era "bueno"? ¡Ni siquiera sabemos por qué robó! ¿Fue por necesidad real? ¿Fue una especie de Robin Hood? ¿Tenía hijos hambrientos? No lo sabemos. Quizás quería dinero para alcohol o prostitutas. No lo sabemos. Sin embargo, tenemos la certeza de que está en el Paraíso. 


Recordemos cuando Judas traicionó a Jesús, ¿qué hicieron los apóstoles? ¿Intentaron rescatarlo? ¿Hicieron algo por Él? ¿Cuántos lo acompañaron en el camino al Calvario? ¿Cuántos estuvieron al pie de la cruz? ¡Es que Pedro! ¡Ni cuando le insinuaron haberlo visto junto a Jesús, pudo admitirlo! Se escondió, negó conocer a Jesús, y más aún ser su discípulo (Mt 26,64). ¿Y qué le dijo Jesús? ¿Cuál fue su actitud? Luego de la resurrección, cuando se aparece a sus discípulos, lo primero que le dice a Pedro es: "¿Me amas?" (Jn 21, 15) ¡Tres veces le pregunta! Y tres veces responde Pedro afirmativamente. Esa es la actitud de Jesús. Y sobre este hombre, a quien en una ocasión le gritó: "¡aléjate de mí Satanás!" (Mt 16,23), al que le dijo "y a ti qué te importa" (Jn 21,22), el que lo negó en tres ocasiones; sobre este mismo hombre decidió fundar nuestra Iglesia (Mt 16, 18). 


Es que cristianos perfectos NO HAY. No existen. Por eso seguimos nuestros modelos a imitar: Jesús y María. El primero, Dios y hombre. La segunda, mujer concebida sin pecado original. 


Volvamos a leer la Biblia y conozcámoslos más. ¿Cómo vivieron ellos el amor de Dios? ¿Cómo trataron a las personas con las que vivieron? La Biblia es un libro lleno de AMOR. No pasemos el amor por alto, priorizando los juicios y la mezquindad.  Intentemos traer un poco de Jesús y de María a la Iglesia del 2019.

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