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Enamorarse de Cristo de forma literal: el caso de María Magdalena

Por: Germanita Campos.


Jesucristo Súper Estrella es una de las más exitosas obras de la historia de Broadway. Una ópera rock que acerca la historia de la pasión y muerte de Cristo a la cultura popular a través de canciones que hasta el día de hoy seguimos escuchando.


En esa versión, se retrata la imagen de una María Magdalena enamorada de Jesús. Enamorada en el sentido romántico de la palabra.


En la canción “I don’t know how to love him” (No sé cómo amarlo) ella habla de la confusión que genera en su corazón la figura de Cristo. De cómo “ha tenido tantos hombres antes, y de algún modo este es uno más”...pero distinto. Se ve a sí misma cambiada. Se pregunta si es amor. No entiende lo que le genera, y se muestra, cual adolescente, aterrada ante la idea de que Él se entere...porque “lo ama demasiado”.


La obra se estrenó a inicios de los setentas, y en esos tiempos, esa figura de María Magdalena, tan diferente a la de “mujerzuela” redimida, como se la solía representar, causó revuelo: ¿Cómo iba a estar una mujer así, enamorada de Cristo?


Yo me pregunto lo contrario ¿Cómo no enamorarse de Él? ¿Cómo no amar al hombre más perfecto (literalmente) del mundo? Yo me hubiera enamorado también así, hasta las patas (y me gusta pensar que es así, en realidad, de alguna manera).


Me acuerdo que mi mamá me contó que en su colegio, de puras mujeres, hicieron una producción de la obra, cuando ella estaba en séptimo básico. El personaje de Cristo (interpretado por una joven de tercero medio) la marcó de tal manera (a mi mamá), que “se obsesionó” con la actriz. La perseguía insistentemente los recreos, porque veía en ella tan claramente la imagen de Jesús, que quería estar cerca.


Esta anécdota me hizo pensar... ¿no es acaso ese, el Amor a Cristo, el tipo de amor más puro? ¿No es acaso lo más lindo, el encontrar en los ojos de un otro, u otra, la mirada del mismo Jesús? ¿No sería cualquier tipo de Amor así, el más fiel al mensaje del redentor?


Y es que yo creo que enamorarse de Cristo, al final, tiene que ser literal y en todos los sentidos. Y de Él nos enamoramos todos y todas. Enamorarse de Cristo es amar al amor en su más pura expresión. Y tal como María Magdalena, quizás no sepamos cómo amarlo, pero de ella tomamos el ejemplo de atrevernos a hacerlo. A veces con miedo, a veces con incertidumbre, porque sabemos que si buscamos en el resto Sus ojos, si buscamos amar al prójimo porque en el prójimo está Él, al menos tenemos donde partir.


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