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Crisis en Perú: Ciudadanía del Reino

Por: Gianluca Fiorini, estudiante peruano de 5to de secundaria (cuarto medio).


“Ciega, la vida nueva es como un verso al revés, como amor por descifrar, como un Dios en edad de jugar”. La juventud es siempre la primera línea en defensa de los ideales y los sueños. La juventud de espíritu, por supuesto, ¿es que hay de otro tipo? Considero que uno de los más grandes problemas del cristianismo es el de considerar el Reino de los Cielos como algo ajeno a nuestra realidad. Se piensa en el término como algo de más allá del pórtico de los muertos o como una simple frase en una oración que se reza a ritmos industriales. Desde mi punto de vista como cristiano, y más aún, desde mi punto de vista joven e ignaciano, he sentido que el hecho de caminar a través del verso “venga a nosotros tu Reino” ha cobrado un nuevo significado.


El lunes 9 de noviembre del presente año se perpetró un golpe de estado en el Perú. Un golpe de estado inspirado en el egoísmo de una porción obscenamente mayoritaria de nuestros congresistas, que con el fin de proteger sus intereses privados pasaron por encima de un país que atraviesa la peor crisis sanitaria y económica de su historia. Lo que hemos visto fue la toma, sin censura, sin tapujos, sin consideraciones del Estado por parte de la corrupción. La corrupción es un crimen que nace principalmente del egoísmo, pero de un egoísmo exacerbado que antepone a uno mismo antes que a millones de personas a las que les ha jurado lealtad y que necesitan de uno. La corrupción es, por ende, completamente contraria a una actitud cristiana, ya que la enseñanza cristiana es de entrega total por el otro.


Manuel Merino De Lama toma el poder el martes 10 de noviembre y en las calles de todo el país se desata una ola de protestas que va creciendo con el tiempo. Estas protestas se catalizaron al hacer público el nombramiento de Antero Flores-Aráoz como primer ministro, un ultraconservador que carga en su historial declaraciones con alto contenido machista y racista. Estos dos señores usurpadores del poder nombraron un gabinete usurpador compuesto por los que rápidamente la juventud digitalizada e indignada nombra “dinosaurios”, criticando y rechazando el conservadurismo exacerbado del nuevo gabinete.


Con rapidez asombrosa, la ciudadanía se moviliza, se toman las calles, las ventanas y las redes no solo de Lima, ni siquiera solo de las capitales regionales; sino que la movilización es total y abarca a todo el país sin discriminación ni geográfica ni de edades. El jueves 12 de noviembre se realiza una marcha nacional que congrega a muchos jóvenes principalmente, que con su efervescencia hacen frente al régimen dictatorial de Merino usando disfraces, creativos carteles y cánticos a coro que marcaban el repudio unánime a nuestra clase política, completamente gangrenada. Merino había dado órdenes de reprimir las movilizaciones, y a esas órdenes, y amparados también por el impresentable igualmente que ilegítimo, ministro del interior Gastón Rodriguez.


El día 14 se vuelve a convocar a una segunda marcha nacional, que rivaliza en magnitud con la primera. La represión de la policía vuelve a hacerse presente, solo que esta vez deja el lamentable saldo de dos muertes: Inti y Bryan. Dos jóvenes de menos de 25 años asesinados con perdigones de la policía. La represión policial fue un problema latente en las movilizaciones, especialmente en el centro de Lima. Además de estos dos fallecidos, decenas de de personas, incluyendo periodistas, resultaron heridos; decenas desaparecieron, muchos de los cuales fueron secuestrados por la policía y fueron liberados solo días después, y cientos fueron gaseados indiscriminada y desproporcionadamente.


Lejos de hacer mella en el espíritu colectivo de un pueblo que acababa de despertar, la represión violenta no hizo más que generar mayor indignación entre la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes, y el domingo 15 por la mañana una gran concentración de bicicletas salió del distrito de Miraflores para unirse a las protestas que seguían teniendo lugar en el centro de Lima. Al mediodía del domingo, Manuel Merino renunció a la presidencia, luego de que las fuerzas armadas le hayan dado la espalda en la intención que tuvo de sacar al ejército a las calles para fortalecer las represiones, de establecer un toque de queda de 24 horas y de iniciar arrestos en los domicilios de quienes “organizaban” las marchas.


La “Generación del Bicentenario”, término acuñado por la socióloga Noelia Chávez, había conseguido su primera victoria. Sobre lo que viene después, como ciudadano peruano, tengo muchas opiniones e ideas, pero creo que como cristiano y como alumno de jesuitas, lo ocurrido da mucho que comentar también.


“Dios es joven” dijo el papa Francisco, y deseo hacer énfasis en esas palabras. Lo que hemos visto en el Perú ha sido un choque generacional claro. Por un lado los golpistas, apodados dinosaurios, tan llenos de miedos a los distinto, a lo nuevo, a lo joven, desplegaron su fuerza, aunque nada pudo contra nuestras voces. Por otro lado, nosotros, los jóvenes (y atención al hecho de que ser joven es una cuestión de espíritu) que nos mezclamos en un gran crisol humano para hacer hermandad, para construir sociedad. Sin discriminación entre raza, sexo, género, estrato social, lugar de procedencia, etc. Los jóvenes peruanos nos unimos para defender el mismo ideal de democracia y de pulcritud ciudadana.


Considero que en estos días el Perú le ha enseñado al mundo lo que significa construir Reino. Siento que la ilusión, los sueños, la creatividad y la efervescencia propia de los jóvenes, puestos al servicio del bien común, de la libertad y de la diversidad son una forma clara de construir ese Reino en el que nuestras diferencias nos hermanan. El Reino de Dios es la rebelión contra el miedo, contra la amargura, los resentimientos. En un mundo de injusticias el cristianismo no puede darse el lujo de ser apolítico. El Reino de los Cielos es un proyecto completamente palpable: un mundo en donde la educación esté al servicio de la creatividad, en donde se pueda hablar con extraños, en donde estemos en completa armonía con nuestro ambiente, son algunas de las características que tendría este Reino en la Tierra. Cada quien tiene la libertad de militar con las ideas que le parezcan, pero como cristianos tenemos todos el deber de unirnos en la lucha por todos, tenemos el deber de declararnos ciudadanos del amor y de vivir como tales.


Quisiera cerrar pidiendo memoria en honor a los caídos, no solo en Perú, sino por todos aquellos que hayan muerto en la persecución de nobles ideales: los manifestantes, los defensores ambientales, los que alzaron la voz, por ellos. Tengamos fe en que viven ya en el Reino, que espero sea también la Felicísima y muy honorable república democrática de los artistas, artistas como Silvio Rodriguez, que con su música ha acompañado las luchas de Latinoamérica y que está muy presente en este texto, y con él termino:


“La era está pariendo un corazón,

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo

Pues se cae el porvenir

En cualquier selva del mundo,

En cualquier calle.”


Lima, Noviembre 2020.

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