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Ser católicos en la pospandemia: de Laudato Si’ a Fratelli Tutti

Por: Agustín Podestá


El 17 de abril de 2020, en pleno crecimiento de la pandemia, Francisco dio a conocer “un plan para resucitar” donde nos invitó a reflexionar sobre cómo atravesar la/las crisis (sanitaria, económica, política) y cómo imaginar un futuro mejor, un futuro identificado con Cristo resucitado. La clave será el pueblo, la fraternidad universal, al cuidado de la casa común: “si algo hemos podido aprender en todo este tiempo, es que nadie se salva solo”. Proponemos entonces aquí un breve recorrido por las encíclicas Laudato Si’ y Fratelli Tutti en cuanto nos permiten vislumbrar un modo de salir adelante, de soñar una nueva realidad más justa.


Comenzamos por Laudato Si’, sobre el cuidado de la Casa Común. Veamos algunos de sus puntos fundamentales:


1. La Creación como Evangelio. Si bien está dirigida a todas las personas de buena voluntad, católicas o no, Francisco dedica un capítulo entero a iluminar la Creación desde la Sagrada Escritura, la fe y la teología. La Creación es el espacio y el tiempo que Dios puso para que entremos en comunión con Él, destruirla es destruir la oportunidad que tenemos de amarlo y de dejarnos amar por Él. Un atentado contra la naturaleza es un atentado contra la Vida que Dios nos regala.


2. No es solo un “discurso verde”. A menudo, los activistas ecologistas se basan solamente en la defensa y recuperación de la naturaleza, excluyendo al ser humano. Si las personas entramos en sus reclamos, es solamente para denunciar las destrucciones sobre la naturaleza o exigir sus reparos. Francisco recuerda que la crisis ecológica implica en sí misma una crisis social. Así como desechamos recursos y contaminamos el medio ambiente, también podemos excluir a seres humanos y podemos destruir la “casa común”. El clamor de la tierra es el clamor de los pobres.


3. Conversión ecológica. “Conversión” viene de “metanoia” que significa “cambiar la mente”. Convertirse es transformar, reconfigurar el ser, lo que somos. La palabra “ecología” viene del griego “Oikos”, que significa “casa”, “morada”. El planteo por la ecología es el planteo para la casa común que habitamos: la naturaleza y la/s sociedad/es que en ella ocurren. Francisco propone convertirnos con consciencia ecológica: cuidar los recursos naturales y el planeta que habitamos, proteger y promover la sociedad que organizamos, las instituciones que creamos, las relaciones de justicia y de paz que establecemos.


4. Compromiso, acción, educación y espiritualidad. Estos cuatro elementos se desprenden de los puntos anteriores y son su orientación práctica. A su vez, estos cuatro se relacionan íntimamente entre sí y no se pueden separar. El compromiso se desprende de nuestra convicción cristiana, es mandamiento de caridad a transformar la realidad que vivimos. Es acción de amor y entrega. Para modificarlo a mediano y largo plazo, será necesario educar a las futuras generaciones en esta conversión ecológica. Y como creyentes vemos que no se puede separar esto de nuestra fe, para ello debemos desarrollar una espiritualidad que sea integral y ecológica, que fomente el desarrollo y cuidado holístico de la casa común con especial atención a los más pobres y excluidos.


Por su parte, Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, desde su publicación a fines del 2020, ha llamado ya la atención y despertado tantas críticas como conciencias. Esto se debe a sus temáticas, sus críticas y sus propuestas, a la búsqueda del diálogo, la paz y la convivencia social a nivel universal. Veamos algunos de sus ejes centrales:

  1. Pandemia y pandemias. El COVID no sólo amenaza constantemente la vida, la salud, los recursos, la convivencia pacífica, sino que también evidencia otras pandemias que ya existían: las generan pobreza, injusticias e inequidad, discriminan y excluyen; las fronteras, como muros que no permiten la inmigración; la economía neoliberal que busca la desigualdad y la pobreza estructurales; las políticas que gobiernan con intereses sectoriales, que deshumanizan y atentan contra los pueblos y sus culturas. Estas pandemias deben ser sanadas también ahora, imaginar la pospandemia debe contemplar la superación de esas otras pandemias.

  2. El modelo del buen samaritano. A los cristianos nos puede resultar repetitivo oír hablar de la parábola del buen samaritano, sin embargo, Francisco ubica el relato en el centro de la encíclica. Le cuenta al mundo lo que quiso enseñar Jesús con esa parábola. El maestro de la Ley le preguntó a Jesús “¿quién es mi prójimo?" y Él, que responde siempre de forma radical y profunda, lo invita a escuchar y meditar en la imagen del samaritano. Al finalizar, le invierte la pregunta, lo lleva a pensar en otras categorías, deja de lado aquello a lo que estamos acostumbrados, aquello de pensar que prójimos son los otros, que ellos son "mis prójimos". Jesús muestra que prójimo, en todo caso, soy yo de los demás, o, más aún, soy yo prójimo de los demás porque tengo que ponerme al servicio de los demás. Aquí no se trata solamente de "ser" prójimo. Antes bien, se trata de "actuar", de "comportarse" como prójimo. Se trata, como dice el texto bíblico, de tratar a los demás con misericordia.

  3. Política, economía, legislación y gobiernos. La encíclica posee críticas a los sistemas actuales y también inspiraciones de caminos y de invitaciones a repensar, en la lógica del samaritano, el lugar de los demás. La “patria universal” es el otro, y yo, a su vez, soy como su samaritano. Este modelo se traduce en la búsqueda de una política que promueva auténticamente el bien común, optando preferencialmente por los más pobres y excluidos de los sistemas económicos. Las mujeres, las personas con discapacidad, los jóvenes, los migrantes, entre otros. Urge crear en la pospandemia nuevas legislaciones que velen por los más postergados.

  4. La cultura del encuentro contra la violencia. La vida sigue sufriendo a causa de las guerras, la opresión, las injusticias, la explotación, entre muchos otros lamentables factores. Frente a esa violencia, cabe la pregunta por el perdón. ¿Es posible vivir el perdón cristiano? ¿Es posible perdonar al victimario? Se deberá tener presente que conflicto es inevitable y debe ser superado, no anulado; que el perdón no implica ni olvido ni falta de justicia, los procesos democráticos y legales deberán seguir su curso, pero el perdón nos redime, nos re-concilia con Dios y con los demás; que la opción es primero por los más débiles, porque allí está Jesús especialmente presente; por último, que a la violencia no se la resuelve con más violencia.

  5. La fraternidad universal. Los gobiernos, las organizaciones internacionales, las empresas, las religiones, todos los seres humanos, debemos abogar por una convivencia posible, por una auténtica hermandad o “amistad social”. Lograrlo es lograr la paz, paz que, en la visión de Francisco de Asís, es mucho más que ausencia de guerras, es la paz originaria de la Creación de Dios, la del “saludo de la paz” en la misa, paz donde no sólo no hay pecado, sino que, aún más, hay fraternidad.

Imaginar un “futuro resucitado” con base en la esperanza cristiana, esperanza que no defrauda, nos pone en camino, nos muestra caminos posibles de acción, nos recuerda que el cuidado de la Casa Común implica un hacerse prójimo de todos y todas.


Que la pospandemia nos encuentre trabajando por la justicia, ya que estamos convencidos que la recompensa es grande: “felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).


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