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Por Francisco Ponce

“confianza”

¿Cuáles son los obstáculos que me impiden confiar en otros y cuáles me impiden confiar en Dios?
 

Judas conocía a Jesús, compartió con Él, escuchó su mensaje desde cerca y lo vio realizar sanaciones, pero no fue capaz de confiar totalmente en Él y lo traicionó. ¿Qué pasó con Judas? ¿Cómo un hombre que compartió en vida con Jesús fue capaz de entregarlo? ¿Cómo Jesús sabiendo de las dudas de Judas sigue confiando en Él?

 

Es difícil que entremos en la conciencia de Judas, sin embargo, por lo que sabemos y vamos percibiendo a lo largo de los evangelios, sus expectativas de Jesús se desvanecen y la confianza se empieza a diluir, al extremo de entregarlo a cambio de treinta monedas de plata.  Judas era zelote y quería a un Mesías triunfante que encabezara la revuelta contra los romanos, claramente Jesús mostraba un liderazgo distinto, más pacífico y dialogante… para él, una desilusión.

 

Mirando esta historia de Judas podemos mirar, guardando las proporciones, nuestra propia historia. Los obstáculos que tenemos para confiar, para creer en los demás radica en que no pocas veces, no los conocemos y exigimos de ellos lo que nosotros queremos, no aceptando lo que realmente son.  

 

Lo mismo nos pasa con Dios ¿qué imagen tenemos de Él? ¿Qué le exigimos? ¿Qué nos impide confiar en Él? Tal vez nos pase que experimentamos a Dios en lo cotidiano, a través de personas maravillosas que nos aman y nos ayudan a crecer, pero a pesar de eso, seguimos esperando y pidiendo cosas instantáneas, casi mágicas, que parecen olvidar nuestra condición humana y nuestra propia posibilidad de decisión y acción.  

 

Nos ponemos frente a un Dios que queremos se acomode a nuestras expectativas y no frente a un Dios que nos ama tanto, que respeta nuestra libertad y confía en nosotros porque nos conoce a fondo.

 

Preguntémonos ¿Por qué me cuesta confiar en mí, en Dios y en los demás?

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