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Por Juan Salazar SJ

“Jesús adelanta la traición”

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La amistad es una experiencia profunda de complicidad y de lealtad. Al lado de las amistades compartimos dolores y alegrías y las cultivamos con conversas cotidianas y también profundas, porque creemos que nos hacen bien. Esta lectura del Cuarto Evangelio, nos pone en clave de “amistad”. Por primera vez, aparece el ‘discípulo amado’ y también se evidencia la figura de la traición. Al lado del Maestro está el discípulo amado. Conoce a Jesús, es cómplice de sus proyectos y leal con sus sueños. Es la imagen del ‘mejor amigo’, a tal punto que Pedro (ese que todos creeríamos que es el número uno) le pide que le haga la pregunta ‘incómoda’ a Jesús, esa pregunta íntima que uno sólo le puede hacer a quien conoce muy bien. Pedro no se anima. Es el otro discípulo el único capacitado para esto, hace la pregunta y se le responde con verdad. En el extremo opuesto, está Judas, el que va a traicionar la amistad y el proyecto común, el que no tiene escrúpulos en contarles los secretos de Jesús a extraños. En esta Semana Santa, el Evangelio nos regala una nueva oportunidad para renovar nuestra amistad con Jesús. Estamos invitados a ser ese ‘discípulo o discípula amada’, a tener un tiempo para acercarnos al Señor, conocerlo internamente, hacerle preguntas, dejar que nos hable y comprometernos, una vez más, con su proyecto de justicia y libertad. Como dice el poeta, “algunas amistades son eternas” y yo añadiría “valen la pena de ser vividas”.