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Por Cristian Viñales SJ

“Los Amó hasta el Extremo”

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El evangelista nos sitúa ante un triple contexto: 1. La suerte está echada, Jesús ha sido vendido e irá a la cruz. 2. Jesús quiere realizar un gesto de amor extremo. 3. Jesús está consciente de que toda su existencia se debe al Padre y en Él pone la confianza.  Estos elementos son fundamentales para adentrarnos en el misterio del Lavado de los pies.  Estamos ante la última oportunidad en que Jesús compartirá con todos sus amigos reunidos antes de su muerte, Él debió pensar muy bien sus últimas palabras y gestos. ¿Cómo deseo que me recuerden? ¿Cómo puedo condensar todo lo que he intentado transmitirles? ¿Qué es lo más importante que quiero dejar a quienes más quiero? Dudo que el gesto del lavado de los pies haya sido algo improvisado, sino más bien un legado bien pensado, despojado de cualquier signo de grandeza, cargado de amor y misión.

El lavado de los pies es seguido de la invitación: “También ustedes laven los pies unos a otros”, Jesús predica con el ejemplo que el amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras, expresa el paradigma definitivo para vivir una espiritualidad profunda y coherente. Salir de sí mismo, amando a los hermanos, a través del servicio sencillo y cariñoso, que busca hacer brillar la dignidad del otro. Queda de manifiesto en un momento crucial de la vida de Jesús, que la plenitud humana no está en un ensimismamiento hedonista, sino en la salida del “yo” hacia la comunidad. Dios nos mueve a salir del refugio de una espiritualidad narcisista, interpelándonos constantemente a poner atención a los hermanos que sufren.

Jesús dice a sus amigos que pronto entenderán aquel gesto. Esto es porque el lavado de los pies adquiere pleno sentido visto desde el prisma del misterio pascual. La muerte en cruz es el testimonio definitivo del amor extremo de Dios por nosotros y la resurrección su confirmación.

Podemos preguntarnos: ¿Cómo llevar a mi vida cotidiana el lavado de los pies?