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Diversidad Sexual

La Padis+, el comienzo de otra historia

La Pastoral de la Diversidad Sexual, Padis+, existe desde hace unos diez años. En uno de sus encuentros más recientes, una de las invitadas expresó su deseo de que en otros 10 años esta Pastoral no exista, y que las personas homosexuales que quieran hacer parte de una experiencia de vida cristiana, puedan hacerlo sin mayores reparos, viviendo y compartiendo su espiritualidad y su sexualidad con libertad, encontrando la misma acogida en cualquier lugar de la Iglesia. En este momento no lo pueden hacer, por eso la Padis+.

 

Pero la Pastoral de la Diversidad Sexual no resuelve el problema. Sin proponérselo, parece reproducir un orden segregador dentro de la Iglesia. Las personas homosexuales tienen a la Padis+ para ser reconocidas y aceptadas en un ambiente cristiano. Pero acaso, ¿podrían ser reconocidos y aceptados en otras comunidades católicas que no estén basadas en la acogida a la diversidad sexual, sino en otro carisma, digamos, la oración, la misión, el servicio o la caridad? ¿Están el resto de las comunidades dispuestas a recibir parejas homosexuales, mujeres u hombres transexuales y tratarles con exactamente el mismo respeto y confianza con que le hablan al resto?

 

Yo creo que no. Creo que para muchos, por mientras, resulta más cómodo y práctico que estas personas vayan a la Padis+, aunque nadie lo quiera poner en esas palabras. Habrá quienes piensen diferente, por supuesto, es su derecho. Pero si me permiten, les voy a contar porqué me da esa impresión. En casi un año de haber iniciado un camino con la Padis+, he visto que su presencia y participación en la Iglesia local es muy restringida en comparación con el resto de comunidades, con las que pocas veces ha habido interacción. Es como si hubiera una barrera invisible y una distancia incalculable. Nos ven, nos escuchan, “nos toleran”, pero no nos conocen, ni tampoco les conocemos. Nos pasa como dice la canción de aquel texto: “Con vosotros está y no le conocéis”.

 

10 años es muy poco tiempo para que la Padis+ “revolucione” la Iglesia. Lo entiendo. Hace falta más que tiempo y más que una Padis+ en cada parroquia. En este momento, aún no da lo mismo la orientación sexual a momento de acoger, integrar y promover personas en la Iglesia. ¿Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas pueden expresar naturalmente su orientación sexual, sin poner en entredicho su vocación y su trabajo pastoral? ¿Cuántas personas no han sufrido algún tipo de discriminación por causa de su orientación sexual? Todavía escuchamos, desde el púlpito, frases condenatorias revestidas de misericordia, porque las bases más hondas de ese discurso no han cambiado y siguen llamando desorden la conducta homosexual, patologizando la diversidad y ofreciendo enderezar, remediar y corregir nuestros sentimientos.

 

10 años no es mucho tiempo, pero sí suficiente para dar inicio a una gran historia, y los pequeños comienzos hacen grandes finales, como decía San Francisco. Por eso, no me desalientan las barreras ni las distancias. Creo que es parte de la realidad, cambiante y sorprendente a la vez. También espero que, con el tiempo, la Pastoral de la Diversidad Sexual no sea un grupo cerrado, sino, que sea como un espíritu de acogida presente en toda la Iglesia, tan presente que no haya que nombrarla o ponerle una bandera para distinguirla, que pueda sentirse y darse a experimentar con espontaneidad.

 

La primera vez que me hablaron de la Padis+, fue una novedad difícil de creer, porque en Colombia –de donde vengo- nunca vi ni escuché nada semejante. Capaz que en unos años haya transformado tanto la Iglesia que será aún más difícil de creer.

 

Jeison Oviedo Mercado. 

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